Comunidad Escénica nace el año 2019 desde la necesidad de crear un espacio para el encuentro, la colaboración y la generación de una economía creativa. Su nacimiento se da en un contexto marcado por la precariedad estructural del sector artístico, que obligó a imaginar y sostener el proyecto desde la autogestión, el trabajo colectivo y la reinvención constante.
En 2020, la plataforma se establece físicamente en lo que hoy es su espacio de creación y residencia. Desde entonces, ha funcionado sin financiamiento estable, sosteniéndose mediante el aporte de sus miembros, redes de apoyo y estrategias creativas para mantener la infraestructura y sus actividades. Este lugar ha operado como un laboratorio vivo donde se entrelazan la convivencia, la creación, la amistad, el trabajo, la fiesta, el conflicto y el cuidado.
El proceso de consolidación ha estado atravesado por encuentros nutritivos, creativos, momentos de goce y satisfacción, así como por errores, improvisaciones, tensiones, procesos dolorosos y preguntas sin resolver. La construcción de su tejido humano y creativo ha sido compleja, incómoda y profundamente formativa: un ecosistema inestable, lleno de fisuras, donde las diferencias y las condiciones materiales precarias se han convertido en parte del aprendizaje colectivo. Este carácter experimental y abierto ha permitido que el espacio se mantenga vivo y en transformación, asumiendo el error como una herramienta pedagógica y creativa.
El espacio Comunidad Escénica respira. No es solo una sala con paredes, sino un organismo vivo hecho de cuerpos, memorias, afectos y afecciones. Su arquitectura es blanda, permeable, capaz de expandirse y contraerse según las necesidades y los ritmos de quienes lo habitan. Aquí, las grietas se vuelven entradas de luz y lo incómodo se convierte en terreno fértil para la creación. Cada residencia o encuentro deja huellas que se suman a un archivo invisible: el de las personas y las relaciones humanas y artísticas que lo hacen posible.
En 2024, Comunidad Escénica se constituye formalmente como Fundación, un paso significativo hacia su profesionalización y sostenibilidad. Sin embargo, mantiene su espíritu inicial: un lugar en constante mutación que reconoce su fragilidad como potencia.
Actualmente el espacio se sostiene del arriendo de sus espacios y de una red proyectos formativos externos, permitiendo que este pase de ser un espacio de vivienda a ser un espacio de trabajo y residencias que potencie la labor artística creativa.
Hoy, el desafío es consolidar una programación estable, fortalecer la red de artistas y asegurar la sostenibilidad económica, sin perder la libertad y la apertura que lo caracterizan.